Versos de aeropuerto

Hace una semana recibí una llamada para reincorporarme a un puesto en el Aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas, y tuve que declinar la oferta, aunque con un poco de pena, ya que he pasado grandes y buenos momentos trabajando allí.
Ese mismo día, por la tarde, ojeando un cuaderno donde apunto casi todo lo que me pasa por la cabeza, descubrí unos versos mal rimados, escritos, seguramente, en algún turno de noche.

Creo que nadie los ha leído; pero releerlos me gustó y me ha hecho recordar esos buenos momentos y a compañeros, y he decidido compartirlos con las personas que quieran leerlo en este post.

"Sentada desde esta silla,
veo millones de personas pasar,
caras que algún día
quizá vuelva a mirar.

Todas ellas
hoy se marchan,
pero cierto día, 
al fin regresarán.

En todas las caras
la expresión es similar,
todas muestran un sentimiento
que en algún momento les hará llorar.

Unos lloran al despedirse,
otros al llegar,
porque aunque todos vuelen,
cada uno lo hace con distinta finalidad.

Cuando ves las despedidas,
no lo puedes evitar, 
son auténticos desconocidos
pero te hacen suspirar.

En todo este tiempo,
he visto lágrimas de dolor,
los besos mas sinceros,
y eternos abrazos de amor.

Las personas que se marchan,
dejan sus vidas atrás,
amigos, familia y pareja,
en busca de un trabajo y poco más.

Cuando entraron al aeropuerto,
lo hicieron rodeados de personas queridas,
pero cuando crucen el arco,
irán solos para continuar con otra vida.

Sus seres queridos,
le lanzan los últimos besos,
les será difícil esperar,
hasta su próximo regreso.

Cuando el pasajero desaparece,
su familia cambia la tez,
se quedan sin sonrisas,
y solo él las hará reaparecer.

Abandonan el gran corredor,
ignorando a las demás personas,
su felicidad se ha ido,
ahora solo queda contar horas.

Estas notas quedaron olvidadas en el cuaderno, pensando que no volvería a escribir sobre esto... Pero meses después, una señora vino a preguntarme por un vuelo de llegada. Me fijé y no solo estaba ella, estaban todos los que vinieron a despedir a aquel viajero. Eran los mismos que me hicieron escribir aquellas líneas, eran las personas de mis notas. Unas notas que había olvidado casi por completo. 

Confirmé la información que me habían pedido  y todos fueron corriendo hacia la puerta para recibirle.
Busqué entre mis cosas y descubrí lo que había escrito hace casi 5 meses, y observando a aquella familia, decidí continuar escribiendo.

Pasado el tiempo previsto,
la hora se acercaba,
las sonrisas volvían por segundos
ante la inminente llegada.

Después de lo que fue
una larga espera,
la puerta al fin se abrió,
y apareció su preciada estrella.

Sus seres queridos
rompieron a llorar
sin poder esconder la emoción
contenida muchos meses atrás.

Las lágrimas derramadas
solo expresaban felicidad;
abrazos que reparaban
todas las noches en soledad.

Las sonrisas parecían eternas
como pintadas en un lienzo
del que nunca, nunca,
se podrán escapar.

Esta vez 
la historia fue al revés,
él llego solo 
y con nervios a flor de piel.

Cuando salió de sala 
al fin fue recibido 
por todas aquellas personas
que fueron a despedirlo.

Abandonaron el aeropuerto
entre abrazos y besos,
todos, al fin reunidos,
sin pensar en los malos recuerdos.

De todos los momentos
en el aeropuerto vividos,
saco una conclusión única,
aquí, las emociones son auténticas.

Y puestos a elegir,
prefiero trabajar en llegadas,
aquí ves historias,
que terminan en sonrisas."


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