Redención
A finales del año pasado, tras alguna despedida sentí la necesidad de coger cualquier papel y ponerme a escribir. Como siempre es una reflexión de aquel momento, de aquella realidad.
Algo que escribes por impulso, sin pensar demasiado. Solamente dejas que todos tus pensamientos se plasmen en una hoja en blanco. Es terapéutico, sacar todos esos sentimientos de vez en cuando.
Seguramente este post no tenga ningún sentido, sean ideas desordenadas e impulsivas, siguiendo el orden que en el momento de escribirlo se suceden. Probablemente podría pararme a leerlo y darle mayor sentido, un orden lógico, una estructura clara,... pero los pensamientos impulsivos no los tienen, salen con todas y sin orden.
----------------
Primero, siempre he creído en la
redención, no tiene por qué siempre una redención en el sentido religioso, sino
en una redención con uno mismo, con la vida. La búsqueda, en algún momento de
nuestro paso por este mundo, de vivir en paz, pedir perdón a las personas que
hemos decepcionado y que han estado allí apoyándonos y que de alguna forma
siguen preocupándose por nosotros.
Otra cosa que siempre he creído
es que las persona somos malas por naturaleza, y que los que son buenas son así
porque les gusta ver y hacer un mundo mejor. Son personas que hacen un
esfuerzo, aunque digan que no, para que el mundo no arda.
Después de exponer estas dos
creencias tengo que decir que a veces, solo a veces, la segunda gana a la
primera.
A veces ese “ser” malo por
naturaleza alimentado por el orgullo y el rencor, alimentado a su vez por
terceros, y seguramente por el poco amor propio, desconfianza en uno mismo, el
poco sentido crítico y la mala memoria, hacen que redimirse o buscar esa paz
consigo mismo y aliviar esos nudos que ahogan, sea algo imposible de alcanzar.
Y hacen que te vayas de este mundo con cuentas pendientes contigo mismo.
Siempre hemos oído eso de que se
vaya en paz, pero, bajo mi humilde opinión, no se refiere tanto a lo religioso
sino a lo propiamente terrenal. Tenemos que verlo o interpretarlo como irnos en
paz con todo lo que hemos vivido, con todos los que hemos vivido, querido y
compartido algún momento de nuestras vidas.
He visto muchos momentos de
redención en personas que pensé que nunca vería.
Necesitaban quitarse ese nudo del
pecho que parecía ahogarles cada vez más. Seguramente cuando lo hicieron fue
muy tarde, pero intentaron partir de cero con la mejor de las intenciones. Se
tragaron su orgullo, su ego, el rencor que no les dejaba avanzar, ni estar
tranquilos, para conseguir dar el último paso dueños de sí mismos.
Es curioso como reaccionamos los
humanos cuando notamos que la arena de nuestro reloj se está gastando.
Esos pensamientos que tenemos en
soledad, todas las reflexiones que hacemos cuando nadie nos ve o escucha. Todos
los errores que reconocemos haber hecho pero que nunca admitiremos en público.
En los últimos momentos buscamos subsanar estos errores.
Debemos pensar en esas personas a
las que hemos podido herir y con las que todo acabó de las peores maneras.
También acordarnos de vez en cuando de las personas que las que todo se acabó,
ni bien, ni mal, simplemente se acabó.
Hemos de pedir perdón, reconocer
que no actuamos bien, sin miedo a que nos digan lo que piensan, sin miedo a que
nos reprochen que las hemos herido. Solo con el valor suficiente para mirarles
a la cara y decirles que llevas años sabiendo que lo hiciste mal. Siempre es
mejor una disculpa tardía, que quedarte con la angustia que no deja ni respirar
cuando piensas o te acuerdas de esas personas.
Irse de este mundo sabiendo que
no estás en paz debe de ser difícil.
Difícil no saber que habrá gente
que te llorará con la pena más amarga y con mayor dolor que mucha de la gente
de la que decidiste rodearte en los últimos momentos de tu vida.
Difícil no saber que esa gente
estará ese día diciéndote adiós, sin tener en cuenta el daño del pasado, porque
realmente te querían.
Comentarios
Publicar un comentario