La memoria y los sueños
Sobre los sueños hay mucho escrito.
Hay libros de interpretación de sueños. Hay estudios que aseguran que los sueños son el reflejo de lo que deseamos, que son una vía de escape para nuestro día a día, un parón en nuestras vidas.
Hay estudios que afirman que los sueños se basan en el último pensamiento que hemos tenido antes de dormirnos. Incluso hay filósofos que se cuestionan si es real lo que tenemos por vida o lo real es lo que soñamos.
También dicen que si sueñas con una persona, quiere decir que esa persona también, ha soñado contigo. Si esto es verdad, muchas personas que no me conocen han soñado conmigo.
También dicen que si sueñas algo "muy fuerte" se acaba cumpliendo.
Y también dicen que si un sueño se repite muchas veces, quiere decir que se va a hacer realidad.
Desde hace una semana, hay un sueño que se repite una y otra vez, cada noche. Es el único sueño que estoy teniendo a lo largo de estos días, siempre es igual, no hay nada que cambie.
En el aparece siempre una mujer anciana, de pelo rizado y cano, sentada en un banquillo, en el porche delantero de una casa pintada de blanco. Lleva puesto un vestido de manga corta azul marino, con topitos blancos, y unas gafas.
A los pies de la mujer hay un perro de pelaje color canela, con el pelaje de las pezuñas y el pecho de color blanco, y al que parece que le encanta estar al sol.
En el sueño estoy sentada al lado de la mujer, en un escabel, mientras acaricio el lomo del perro.
La mujer me cuenta cosas, sobre un hombre que se llamaba José, al cual extrañaba, pero al cual ya no extraña, ya está con él. Me cuenta como era ese hombre, me dice que le hubiera encantado conocerme, me cuenta mil cosas sobre él.
Me habla sobre una muchacha, que iba a trabajar a una sastrería para sacarse unos duros, me habla de como era esa muchacha cuando era pequeña y como se siente tan orgullosa de esa muchacha que ahora es una mujer.
Me cuenta historias sobre cuatro niñas pequeñas que eran las causantes de muchas de sus sonrisas, me cuenta las navidades que pasaban en su casa, me habla de cada de una de ellas, me habla de la mas mayor, la mas responsable de todas, de la segunda, que decía que era muy seria y que le encantaba dormir, la tercera, la tercera era un trasto, me dice, y la última, era ricitos de oro, alegre y algo trasto también.
Todo lo que relataba realmente pasó, su cara muestra alegría, alegría infinita.
Sin cambiar lo mas mínimo su gesto empieza a hablarme de un bebé, un bebé que empezó a andar, pero eso es algo que ella nunca logro ver. Y me habla de un niño, de un niño al que le hubiera encantado conocer. Dice que ella les observa y les protege desde allí, desde ese porche en el que está siempre vigilando; cuidando a todas las personas que ha nombrado.
Cuando el sueño ya esta casi llegando a su fin, ella me abraza, es un abrazo cercano, diría que hasta familiar,es como un abrazo que esperas recibir de una persona a la que hace mucho tiempo que no ves... De repente aparece ese hombre del que me hablaban al principio, pero me da la sensación de que si le conocía; él se une a ese abrazo y los dos me dicen que sea fuerte, y que cuide a las personas de mi al rededor, que ellos lo harán siempre desde ese porche. Me dicen que de besos y abrazos a esa muchacha costurera, a esas tres niñas y a ese bebé que ya ha crecido y que es una niña morena guapísima, y a ese niño pequeño. Que los cuide a todos.
El perro me mira, no necesita hacer nada más, con esa mirada ya me ha dicho todo, le doy un abrazo, y los tres se despiden de mi. Así acaba el sueño.
Si de algo estoy segura es que, esa anciana y ese pero no soñaran conmigo, que por mucho que sueñe muy fuerte el sueño, no se hará realidad y que aunque sea el único sueño que tenga hasta el fin de mis días, nunca podrá tornarse en una vivencia. Nada se cumplirá. Porque esas dos personas y ese animal ya solo existen, de manera viva, en mi memoria y en el mundo de los sueños.
Comentarios
Publicar un comentario